
Cuando las empresas hablan de maternidad, casi siempre miran a la baja maternal.
Se calculan semanas, sustituciones, impacto en proyectos.
Pero el verdadero coste organizacional empieza mucho antes.
Empieza en el primer trimestre.
Y casi nadie lo está midiendo.
La evidencia recogida en revisiones como “Pregnancy and Work: A Review of the Literature” y las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud coinciden en algo fundamental: los primeros meses de embarazo son, fisiológicamente, los más exigentes.
Fatiga intensa.
Náuseas persistentes.
Alteraciones del sueño.
Mayor vulnerabilidad emocional.
Mayor riesgo clínico.
Y a nivel organizacional ocurre algo clave: muchas mujeres aún no han comunicado su embarazo.
Por prudencia.
Por miedo.
Por cultura empresarial.
Por experiencias previas.
El resultado es un fenómeno silencioso: mujeres altamente competentes intentando mantener el mismo nivel de rendimiento en un momento de gran transformación física y cognitiva.
La empresa observa pequeñas señales:
Pero no ve la causa.
Ahí empieza el coste invisible.

En el primer trimestre el fenómeno predominante no es la baja prolongada, sino el presentismo.
La profesional está físicamente presente, pero no en su capacidad habitual.
Y además, se exige compensar.
Desde una perspectiva de gestión, el presentismo es más complejo que la ausencia porque:
Los análisis impulsados por la Organización Internacional del Trabajo señalan que el impacto negativo en productividad no se debe al embarazo en sí, sino a la ausencia de políticas adaptativas tempranas.
Cuando no hay estructura, el coste se desplaza a medio plazo:
Y ese coste sí es cuantificable.
Existe otro impacto menos visible pero más determinante: la narrativa interna.
Si una mujer vive su primer trimestre con miedo a comunicarlo, el mensaje implícito es claro:
“La maternidad es un riesgo profesional.”
Organizaciones empresariales como la CEOE han señalado en distintos informes que las compañías con políticas activas de conciliación y apoyo temprano presentan mayor retención y compromiso tras la maternidad.
No se trata solo de cumplimiento normativo.
Se trata de cultura corporativa.
Y la cultura es lo que define si el talento se queda o se va.
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En nuestra experiencia acompañando a mujeres y empresas desde Maternify, vemos de forma muy clara algo:
El primer trimestre no necesita grandes inversiones.
Necesita estructura.
Las empresas no suelen tener protocolos específicos para esta etapa.
No por falta de interés, sino por desconocimiento.
Desde Maternify trabajamos precisamente en ese punto ciego:
🔹 Formación a equipos directivos y mandos intermedios sobre impacto real del primer trimestre en rendimiento.
🔹 Protocolos de comunicación segura y acompañamiento temprano.
🔹 Evaluaciones individualizadas de necesidades en salud y carga laboral.
🔹 Asesoramiento preventivo para reducir bajas evitables.
🔹 Programas de apoyo emocional y sanitario durante el embarazo inicial.
Cuando la mujer se siente acompañada desde el inicio:
Y lo más importante:
Se protege el talento a largo plazo.
No es: “¿Cuánto nos cuesta el embarazo?”
Es: “¿Estamos gestionando de forma inteligente una etapa previsible en la vida profesional de muchas mujeres?”
La maternidad no es una excepción.
Es parte de la realidad demográfica y laboral.
Y gestionarla de forma preventiva no es una concesión.
Es una estrategia de sostenibilidad empresarial.
Las organizaciones que entiendan esto antes no solo reducirán costes ocultos.
Construirán culturas más sólidas, más humanas y, paradójicamente, más productivas.
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