
1. “Las tomas deben ser cada 3 horas y durar 10 minutos por pecho”
2. “Si llora antes de las tres horas es que tu leche no le alimenta”
3. “Amamantar duele, es normal hasta que se hace callo”
4. “Si estás enferma o tomas medicamentos, debes dejar la lactancia”
5. “Si con el sacaleches sacas poca leche, es que no produces suficiente”
6. “Para dar el pecho hay que seguir una dieta especial”
7. “No puedes beber agua mientras das el pecho”
8. “Las bebidas con gas pasan a la leche”
La lactancia materna continúa rodeada de mitos, consejos desactualizados y afirmaciones sin base científica que, lejos de ayudar, generan dudas e inseguridad en las madres que desean amamantar. Muchas de estas creencias siguen transmitiéndose de generación en generación y pueden convertirse en un verdadero obstáculo para disfrutar de la lactancia.
En este artículo desmontamos algunos de los mitos más comunes sobre la lactancia materna, ofreciendo información veraz y actualizada para que puedas vivir esta etapa con mayor confianza y tranquilidad.

Esta idea procede del modelo de alimentación con biberón, muy extendido a partir de los años 70, cuando se empezaron a imponer horarios rígidos también a la lactancia materna.
Hoy sabemos que la lactancia funciona a demanda. El bebé es quien regula cuánto y cuándo necesita mamar. Limitar las tomas por tiempo o por reloj puede interferir en la producción de leche y es una de las causas más frecuentes de dificultades en la lactancia.
Además, la evidencia actual indica que incluso la alimentación con leche de fórmula debería respetar las señales de hambre y saciedad del bebé.
El llanto no es un indicador fiable de hambre ni de la calidad de la leche. Los bebés lloran para comunicarse y pueden hacerlo por múltiples motivos: sueño, incomodidad, necesidad de contacto o regulación emocional.
El pecho no solo sirve para alimentar, sino también para calmar, consolar y acompañar al bebé. Por eso, es un mito pensar que un bebé que llora mucho no se alimenta bien.
Si existen dudas sobre si el bebé está comiendo suficiente, es importante valorar otros aspectos como la ganancia de peso, las deposiciones, las micciones y su estado general.
Este es uno de los mitos más dañinos. Dar el pecho no debería doler. El dolor suele ser señal de que algo no está funcionando correctamente, como un mal agarre, una postura inadecuada o dificultades en la succión.
Pensar que el dolor es normal retrasa la búsqueda de ayuda y aumenta el riesgo de abandono de la lactancia. Ante molestias persistentes, es fundamental pedir apoyo especializado lo antes posible.
Las madres lactantes también se enferman y, en la mayoría de los casos, no es necesario suspender la lactancia. La gran parte de las enfermedades comunes y de los tratamientos médicos son compatibles con amamantar.
Existen recursos fiables, donde se puede comprobar la compatibilidad de medicamentos y pruebas diagnósticas con la lactancia materna.
La cantidad de leche extraída con un sacaleches no refleja la producción real. Ningún extractor imita la succión eficaz de un bebé.
Muchas madres con buena producción obtienen poca cantidad al extraer, especialmente si no están habituadas. Los bebés son, sin duda, el mejor estímulo para el pecho.
Salvo indicación médica justificada (por ejemplo, una alergia alimentaria diagnosticada en el bebé), no es necesario seguir dietas restrictivas durante la lactancia.
Las recomendaciones nutricionales para la madre lactante son similares a las del resto de la población: alimentación variada, equilibrada y saludable, junto con actividad física adaptada.
No existe ninguna base científica para esta afirmación. La madre debe beber según su sed, ni más ni menos. La producción de leche depende principalmente de la estimulación del pecho, no de la cantidad de líquidos ingeridos.
El gas de las bebidas carbonatadas no puede llegar a la leche materna. Su consumo no afecta a la lactancia, aunque es recomendable moderarlas por su alto contenido en azúcar o edulcorantes.
Aunque la leche de vaca se corta al mezclarse con ácido fuera del cuerpo, esto no ocurre en el organismo humano. Consumir frutas cítricas u otros alimentos ácidos no estropea la leche materna ni daña al bebé.
Aunque en algunos casos la lactancia fluye sin dificultades, no es un proceso puramente instintivo. Requiere información, acompañamiento y apoyo, especialmente durante las primeras semanas.
Prepararse durante el embarazo, conocer qué es normal y contar con asesoramiento puede marcar una gran diferencia en la experiencia de amamantar.

Cada madre y cada bebé son únicos, y no siempre es fácil distinguir entre un mito y un problema real. En Maternify contamos con asesorías de lactancia, donde profesionales especializadas pueden acompañarte, resolver tus dudas y ayudarte a disfrutar de una lactancia más tranquila y segura, adaptada a tu situación concreta.

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