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Por Carla Quintana · Directora médica de Maternify· Número de marcador de posición: 65.011 · Actualizado: septiembre 2026
Hablar de alimentación del bebé suele llevar rápidamente a una pregunta muy concreta ¿Cuántos mililitros debería tomar al día? Es una duda habitual entre madres, padres y otros cuidadores, especialmente durante los primeros meses, cuando todavía se está aprendiendo a interpretarlas necesidades del bebé. Pero la cantidad no es el único indicador. La edad, el peso, el tipo de alimentación y, sobre todo, las señales de hambre y saciedad también ayudan a entender si está recibiendo lo que necesita.
Además, la forma de alimentar al bebé también influye en cómo podemos valorar la cantidad que está tomando. Cuando mama directamente del pecho, no podemos saber cuántos mililitros ha tomado en cada toma, mientras que cuando recibe leche extraída o fórmula en biberón sí podemos conocer aproximadamente la cantidad ofrecida. Por eso, los mililitros pueden ser una orientación útil en algunos casos, pero es importante valorar también otras señales del bebé, como su hambre, su saciedad y su evolución.
No existe una cantidad universal que todos los bebés deban tomar. Las necesidades cambian a medida que crecen y también pueden variar de un bebé a otro. Las cifras que aparecen en guías y tablas deben entenderse como cantidades orientativas, no como un objetivo que haya que alcanzar en cada toma o cada día.
En los primeros días de vida, las cantidades son especialmente pequeñas. El Ministerio de Sanidad explica que durante los primeros días se producen entre 8 y 12 tomas diarias de lactancia materna y que el calostro, aunque se produce en pequeñas cantidades, está adaptado a las necesidades del recién nacido. No se trata de conseguir grandes volúmenes, sino de ofrecer alimento con frecuencia y responder a sus necesidades.
En el caso de la leche materna extraída, como referencia, pueden encontrarse cantidades de 15-120 ml por toma en recién nacidos, 120-180 ml entre 1 y 3 meses y 180-300 ml entre 3 y 6 meses. Estas cantidades son orientativas y pueden variar de un bebé a otro. No es necesario aumentar la cantidad automáticamente según la edad, sino observar las señales del bebé y respetar su propio ritmo.
Estas cifras pueden resultar útiles cuando la leche materna se ofrece en biberón, porque permiten hacerse una idea aproximada de lo que puede necesitar el bebé. Sin embargo, no deben utilizarse para decidir que un bebé necesita necesariamente esa cantidad en cada toma, especialmente si muestra señales claras de haber terminado antes. Forzarle a continuar puede hacer que la alimentación deje de responder a sus señales.
Cuando el bebé mama directamente del pecho, no podemos medir cuánto ha tomado en cada toma. Y eso no significa que no podamos saber si está recibiendo suficiente leche. En este caso, hay que fijarse en un conjunto de indicadores: su evolución del peso, las micciones, su estado general y cómo se comporta durante y después de las tomas.
Durante los primeros días y semanas, la lactancia materna se recomienda a demanda. El Ministerio de Sanidad señala que los recién nacidos suelen realizar entre 8 y 12 tomas al día y que se debe ofrecer el pecho cuando aparecen señales de hambre, permitiendo que el bebé termine la toma cuando se suelta o se queda dormido.
La duración de las tomas puede ser muy variable. Algunos bebés necesitan más tiempo y otros son mucho más rápidos, por lo que no es necesario contar los minutos ni limitar la duración de la toma para intenta calcular cuánto ha comido. Cada bebé tiene su propio ritmo y es más útil observar sus señales de hambre y saciedad.
Además, es habitual que existan momentos en los que el bebé pida el pecho con más frecuencia. Las llamadas "crisis o brotes de crecimiento" pueden hacer que durante unos días aumente la demanda de tomas, sin que esto signifique necesariamente que la leche no sea suficiente. En estas situaciones, ofrecer el pecho a demanda permite que la producción se adapte a las nuevas necesidades del bebé.

Esta es probablemente una de las preguntas más importantes, porque no siempre podemos medir lo que come, pero sí podemos observar cómo evoluciona. La OMS señala que los indicadores más importantes son la evolución del peso y el crecimiento. Más que fijarse en una cifra aislada, los profesionales valoran cómo va creciendo el bebé a lo largo del tiempo y si sigue su curva de crecimiento. Si existe preocupación sobre la alimentación, es recomendable que su evolución sea supervisada por una matrona o un pediatra.
La evolución del peso es especialmente importante. Una ganancia de peso insuficiente o una cantidad escasa de orina pueden indicar que el bebé no está obteniendo suficiente leche y, en esos casos, es necesario valorar la situación de forma individualizada. Los pañales mojados también pueden aportar información sobre la ingesta, aunque durante los primeros días de vida es importante tener en cuenta que su número va aumentando progresivamente.
Durante la propia toma también pueden observarse algunas señales que ayudan a valorar cómo está siendo la alimentación. Una succión rítmica, las pausas y la presencia de degluciones que podemos ver o escuchar son signos de que el bebé está extrayendo leche. La duración de la toma, por sí sola, no permite saber cuánto ha tomado, ya que cada bebé puede necesitar un tiempo diferente.
También es importante observar cómo se encuentra el bebé después de las tomas. Que se muestre relajado, satisfecho y con un comportamiento normal para él puede aportar información, mientras que un bebé excesivamente somnoliento, con poco interés por comer o que parece quedarse con hambre de forma habitual merece una valoración.
De ahí que, si existe preocupación porque el bebé parece quedarse con hambre, gana poco peso o moja menos pañales de lo esperado, la Asesoría de Lactancia de Maternify puede ayudarte a valorar la situación y resolver tus dudas sobre la lactancia.
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Más allá de los mililitros, aprender a reconocer las señales del bebé puede ayudar a entender cuándo necesita comer y cuándo ya ha tenido suficiente. La alimentación responsiva consiste precisamente en observar estas señales y responder a ellas, en lugar de basarse únicamente en horarios o cantidades establecidas. Este enfoque puede aplicarse tanto a la lactancia materna como al biberón.
Las señales de hambre pueden aparecer antes del llanto. Buscar el pecho, llevarse las manos a la boca, abrir la boca, mover la cabeza buscando alimento o mostrarse más activo son algunos ejemplos. El llanto suele aparecer cuando el bebé ya lleva un tiempo mostrando otras señales de hambre, por lo que aprender a reconocerlas puede facilitar las tomas.
También existen señales que indican que el bebé está satisfecho. Puede dejar de succionar, relajarse, apartarse del pecho o mostrar menos interés por continuar. Cuando toma biberón, es especialmente importante respetar estas señales y no intentar que termine siempre toda la cantidad ofrecida.
Por eso, que quede leche en el biberón no significa necesariamente que el bebé haya comido poco. Del mismo modo, que quiera volver a comer poco después de una toma no significa automáticamente que la cantidad anterior haya sido insuficiente. Las necesidades pueden variar de una toma a otra y de un día a otro.
Esta es una de las dudas que pueden aparecer detrás de la preocupación por la cantidad de leche. Sin embargo, no debemos plantear la alimentación como una estrategia para conseguir que el bebé duerma toda la noche. Los despertares nocturnos son normales durante los primeros meses y las necesidades de alimentación forman parte de ellos.
Que un bebé tome suficiente leche durante el día es importante para su crecimiento y bienestar, pero eso no significa que podamos aumentar las cantidades durante el día para intentar eliminar las tomas nocturnas. Cada bebé desarrolla sus patrones de sueño a su propio ritmo y algunos seguirán necesitando alimentarse durante la noche.
De hecho, durante los primeros meses es habitual que un bebé se despierte varias veces. Por eso, si un bebé pide comer por la noche, no debemos interpretar automáticamente que durante el día ha tomado poca leche. Hay que valorar el conjunto de su alimentación, su crecimiento y su desarrollo.
A medida que el bebé crece, sus necesidades nutricionales van cambiando. Durante los primeros meses, la leche constituye la base de su alimentación, ya sea mediante lactancia materna, leche materna extraída o fórmula infantil. La forma de ofrecerla puede ser diferente en cada familia, y todas estas opciones deben abordarse respetando las circunstancias y decisiones de cada una.
A partir de alrededor de los seis meses, comienzan a introducirse alimentos complementarios adecuados a las necesidades del bebé. Esto no significa quela leche deje de formar parte de su alimentación de un día para otro, sino que los nuevos alimentos se incorporan progresivamente mientras las tomas de leche pueden ir adaptándose a esta nueva etapa. La cantidad y frecuencia dependerán también del tipo de alimentación que reciba cada bebé.
Además, no todos los bebés evolucionan al mismo ritmo. Dos bebés de la misma edad pueden tener diferentes patrones de alimentación, hacer un número distinto de tomas o mostrar necesidades diferentes. La edad puede servir como referencia, pero no debería utilizarse por sí sola para determinar cuánto tiene que tomar un bebé en cada toma o a lo largo del día.
En el caso de la lactancia materna, la composición de la leche cambia a lo largo de la lactancia y se adapta a las necesidades del bebé. Por eso, no tiene sentido intentar equiparar la lactancia directa con una cantidad concreta de mililitros que debería alcanzar en cada toma.
Cuando la leche se ofrece en biberón, ya sea leche materna extraída o fórmula, los mililitros permiten tener una referencia más concreta, pero siguen siendo una orientación. La cantidad que toma un bebé puede variar entre tomas y también entre días. Lo importante es observar cómo responde a la alimentación y respetar sus señales de hambre y saciedad, en lugar de intentar que alcance siempre una cantidad determinada.
La pregunta ¿Cuántos mililitros necesita? No tiene una única respuesta válida para todos los bebés. La edad, el tipo de alimentación, el crecimiento, la evolución del peso y las señales que muestra el propio bebé deben valorarse conjuntamente. Más que buscar una cifra exacta, se trata de entender qué necesita cada bebé en cada etapa.
No existe una cantidad diaria única válida para todos los bebés. Depende de la edad, el peso, el tipo de alimentación y sus necesidades individuales. En lactancia materna directa no se puede medir cada toma, por lo que se utilizan otros indicadores como el peso, las micciones y el estado general.
En los primeros días, los recién nacidos suelen realizar entre 8 y 12 tomas al día cuando reciben lactancia materna. La frecuencia puede variar y la recomendación es responder a las señales de hambre del bebé.
Sí. Los bebés pueden atravesar periodos en los que demandan más tomas, especialmente durante los brotes de crecimiento. En lactancia materna, aumentar temporalmente la frecuencia de las tomas forma parte del mecanismo de adaptación de la producción de leche.
Conviene pedir orientación si existe preocupación por la alimentación del bebé, no está ganando peso adecuadamente, moja menos pañales de lo esperado, parece quedarse con hambre después de la mayoría de las tomas o está excesivamente somnoliento. También puede ser útil contar con apoyo cuando aparecen dificultades con el agarre, el biberón, la extracción ola organización de las tomas.
En estos casos, desde Maternify recomendamos la Asesoría de Lactancia, donde pueden acompañarte para valorar las tomas y resolver dudas sobre lactancia materna, leche extraída, fórmula o lactancia mixta.
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